En una esquina la cojudez, despierta y con ganas de luchar.
En otra esquina la razón, cansada y sin ánimos de ganar.
¿Y el corazón? Brillo por su ausencia.
Lucharon por mucho rato, al fin y al cabo ya se sabía quien
iba ser el ganador. La razón no pudo más y se dejó vencer
sin oportunidad de levantarse.
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