26.10.08

Si.

Muchas veces es muy fácil aceptar invitaciones de toda clase y negarse igual, esta ves la invitación se veía tentadora. Realmente era una de aquellas que era muy complicado escaparse, claro esa monotonía llamada sociedad alegaba que era algo común e imprescindible para una persona que llegaba a una cierta edad, las cartas se pusieron sobre la mesa y estuvieron ahí durante casi 6 meses repasándolas y siempre con la convicción que al final terminaría en algo ya predispuesto, al final así debía ser.
Llegó un momento en el cual se puso una última carta sobre la mesa, una oración particular y que llenó la habitación de un aroma a desesperación y confusión. Después de tanto tiempo era imposible que se cambiara de parecer, pero así sucedió. Así transcurrió una semana llena de cólera y desolación al fin y al cabo sólo una persona podría tomar esa decisión.
Ese viernes tan bendito llegó a ser maldecido ya que se aproximaba al día esperado, es ahí cuando la desesperación lleno la habitación una vez más, quien iba a saber que aquella palabra traería a la mente una vez más a esa pregunta que supone una simple respuesta. Una luz intentó secar aquellas lágrimas y sin razón alguna ella comenzó a percibir aquél aroma, sí, esa pequeña luz se desvaneció tal vez un poco pero no lo sentí.
Intentar olvidar ese día no era conveniente, simplemente se debía esperar al siguiente, quizás causaría un poco de angustia, esta vez si estaba justificada . Cuantas horas pasaron, cuantos pensamientos pasaron, igual había un sólo latir que no dejaba en paz. En aquella mañana que comenzó un poco turbulenta y melodiosa a la vez, llegó una señal percibida por alguien más, algo sucia y maltrecha, sentí esa medallita entre mis manos y lo más atinado fue guardarla, aún no entendía lo que me quería decir.
Algo más tranquila, el sol ya estaba preparado para descansar y después de gastar la garganta llegó la primera oración del día, las lágrimas comenzaron a fluir incansablemente y tan sólo con el consuelo de ese hombre hizo que entrara en una razón efímera que se desvaneció con el aviso de aquél amigo lejano. La luz que tanto había iluminado, estaba siendo atacada por esa sensación que se propagaba como una epidemia en aquél lugar, la culpabilidad me invadió y las lágrimas volvieron a fluir sin mesura. Esta vez, si estaba preparada para desistir.
Obligada a escuchar palabras que en ese momento no tenían sentido, el amor a esa luz llevó a guiar la energía que perdió de nuevo a ella. Definitivamente no la podía perder. Las palabras que significaron mucho para muchos, no se alojaron en la memoria. Aquél amigo lejano llevó consigo un mensaje que sería escuchado por la luz. Siendo el mensaje acogido, un grito lleno de energía me estremeció y sólo la pude ver brillar una vez más, llena de felicidad.
Creyendo estar segura de la decisión una vez más, raramente se desvaneció una vez más, la sensación ya era conocida y queriendo evitarla se sintió una presión. Llegó el momento, era momento de aceptar la invitación que hace tantos meses había sido propuesta y lamentablemente, ya era hora de tomar la decisión más adecuada. Pasaron algunos minutos y el tiempo se acabó, tenía que escapar de esa habitación. Salí a analizar lo que tenía que analizar y sentir lo que tenía que sentir, el viento me acariciaba el rostro hasta que llegar a una conclusión, la adecuada para mí.
Al regresar a la habitación, que estaba llena de calma y seguridad, había llegado el momento de poder decir lo que realmente me convenía, con la mano temblorosa se llegó a un buen final. La decisión ya había sido tomada.
Señor, acepto tu invitación. Llévame a la fiesta de la vida contigo.

1 comentario:

Majo. dijo...

hiciste lo correcto u.u
faltan 4 dias!