Entiéndeme, típico de ella. Era lo único que pedía la condenada ¡Carajo! ¿Es acaso que no entiendes tú? Terminaba cada pelea sin pedir más. Llegó el punto en que, la mujer, loca de la ira, intentó hasta decirme mediante cuchillazos que no bastaba su sonrisa para que fuésemos felices.
Sí, he muerto.
Sí, he muerto.
- ¿Cómo estás?
- Entiende, necesito que te vayas
- Te amo
- Yo ya lo dejé de hacer
Es extraño el diálogo entre 2 personas que decían amarse para siempre un 19 de septiembre. Roberto decía que la amaba pero nunca lo demostró, sólo lo decía cada vez que tenía la oportunidad. Cuando él y yo nos conocimos, ya estábamos acabando el colegio. Ambos estábamos enfocados en la universidad y ella apareció en nuestras vidas como la persona más aborrecible que hayamos podido conocer: Pretenciosa y además terca. Roberto siempre mostró desprecio por ella hasta aquella mañana de primavera en la que desesperado vino a buscarme y rompió una luna por las tantas piedras que lanzó. Cuando salí por la ventana gritó: ¡Estoy enamorado!
Aquel amanecer apareció como de costumbre en mi cama. Hacía mucho tiempo ya no era nuestra. Estaba lleno de olor a tabaco, alcohol y drogas. Intentó tocarme, dijo que me deseaba y que era su amada pero decía amarme cuando lo único que hacía era herirme. Lo repudié, lo empujé fuera de mi habitación y entre en lágrimas y gritos. Terminó durmiendo en mi puerta como ya era costumbre.
Cuando salí de la habitación, él ya no estaba. Al parecer, había renunciado al hecho de recuperarme. Yo embargada de tristeza y cólera, me fui de la casa a lo que llamaba trabajo para liberar mis pensamientos de un posible colapso. Pasaron las horas y la hora de salida había llegado sin darme cuenta. Ahí estaba él apoyado en el carro del jefe esperándome, siguiéndome de largo. Su súplica comenzó.
La obsesión llegó unos años atrás cuando ella intentó darme celos con un compañero de trabajo. Los celos sobrepasaron los límites y yo incapaz de perderla estuve cegado de ver la verdad. Es ahí donde comenzó todo. La cobardía me llevó a cometer muchos errores, los cuales nunca me fueron perdonados y creo que jamás lo serán. El hades de mi casa crecía con cada segundo haciéndose insoportable para ambos.
Ella ya lo había dejado de amar, el amor se le acabó cuando la obsesión llegó a sus vidas.
Él murió cuando decidió cambiar, aunque…
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