Después de que el río corre por las curvas de tus mejillas, los ojos se hacen más pequeños y al mirar fijamente el ardor se hace popular entre las pupilas.
¡Oh, maldita! ¡Qué gran honor le haces a Hera, la de cara de perro,
que por su desobediencia recibió la ira del gran Zeus!
Quizás no sea tan omnipotente como aquella deidad griega, pero hoy haz recibido mi ira a través de estas letras por tener la mirada turbia y oscura y el corazón podrido de malos sentimientos.